El Eslabón Entre Lo Bueno y Lo perfecto

sergio enriquez

 Nuestro principal deseo en la vida debe ser que podamos estar todos los días en la casa de Dios con el propósito que podamos inquirir en Su palabra y que la ignorancia se aleje de nosotros por el poder del Espíritu Santo, no obstante que también llegamos a la casa de Dios para alabarle, adorarle y como consecuencia, podamos contemplar Su hermosura.

 Hemos estado hablando acerca de la perfección en varias oportunidades; no obstante que algunos lo primero que hacen es volverle la espalda a este tema porque se excusan en que nadie es perfecto; sin embargo la Biblia dice que debemos ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto. No obstante, parecería que de pronto nos encontramos con una serie de conceptos que parecerían antagónicos y es por eso que debemos introducirnos en el río de Dios con el propósito que nuestra vida pueda ser conducida por el camino del bien y que nos alejemos del pecado en el cual algunos ignoramos que podemos estar involucrados; sabiendo que una de las razones del evangelio es señalar el pecado en el que podamos estar participando consciente o inconscientemente; para que seamos completa y verdaderamente trasladados de las tinieblas a la luz admirable de Cristo Jesús.

Es por eso que Dios desea que hablemos de perfección; si nosotros no creemos que podemos llegar a ser perfectos, no cumpliremos con el mandamiento del Hijo respecto a llegar a ser perfectos; aunque también debemos saber que el diablo quien es un imitador, procurará hacer lo mismo hablando de perfección, como lo ha hecho tratando de hablar de amor, así como también lo ha hecho con la luz. Entonces, cuando se habla de perfección, buscará imitarla con el propósito de desviar el corazón de los hijos de Dios.

Dentro de los inicios de la Iglesia evangélica, hubo algunas situaciones que podemos tildar de extremistas, por ejemplo: en el área de alabanza, cuando alguien quería cantarle a Dios, aunque no tuviera el don de canto, se le daba la oportunidad de hacerlo sin importar si estuviera completamente desentonado; y lo que se decía es que no importaba cómo se escuchara porque era para Dios y El lo recibía, cayendo en el error de no buscar la perfección en lo que le ofrendamos a Dios. Posteriormente la Iglesia se fue al otro extremo, porque entonces se le daba oportunidad solamente a profesionales del canto y los que tenían el don del canto o de ministrar con un instrumento musical; no lo hacían si no les llenaban ciertos requisitos que ellos buscaban; lo cual podríamos decir que se convirtió en la antítesis de la perfección.

Veamos algunos versículos que nos conducirán a lo que Dios nos enseñará en esta oportunidad:

¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne? (Gálatas 3:3 SRV)

Lo que refiere la cita anterior, podemos decir, es lo que sucede muchas veces en el pueblo de Dios, porque buscan perfeccionarlos almáticamente para que sea la carne la que sobresalga y no lo que busca el espíritu. Es por eso que necesitamos llenarnos del Espíritu Santo para que podamos dejar de hacer lo malo y podamos hacer lo bueno.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Romanos 12:2 RV 1960)

En el versículo anterior podemos ver que el eslabón entre lo bueno y lo perfecto es lo agradable. La cita anterior nos muestra que primero pasamos por lo bueno y para que lleguemos a lo perfecto, necesitamos agradar el corazón de Dios. Para ejemplificarlo con algo práctico, podemos citar el momento en el cual es el cumpleaños de la esposa en un hogar, y el esposo le pregunta qué desea que le regale, a lo cual ella responde: nada. Llega el día del cumpleaños y como la esposa respondía que no quería nada, no recibió nada de parte del esposo y eso hace que ella se moleste; no obstante que cuando en su momento, ella respondió que no quería nada, lo que pretendía era que el esposo buscara la forma de agradarla; que no fuera precisamente algo que ella pidiera, sino, que el esposo tuviera el detalle de poder saber qué lo que ella deseaba.

En el reino de Dios la comida y la bebida no son importantes. El reino de Dios tiene que ver con agradarle a él y con la paz y la felicidad que trae el Espíritu Santo. (Romanos 14:17 PDT)

Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables. (2 Corintios 5:9 LBLA)

Lo que debemos anhelar en todo momento es buscar agradar a Dios con el propósito que alcancemos la perfección. Esto nos enseña tácitamente que Dios nos puede permitir hacer algunas cosas, pero eso no significa que lo estemos agradando; lo que debemos buscar es el contentamiento del corazón de Dios, el agrado del corazón de Dios con nuestra vida.

…averiguando lo que sea del agrado del Señor… (Efesios 5:10 VM)

Lo que necesitamos hacer es averiguar qué es lo que le agrada a Dios con el propósito que cumplamos Sus deseos, no solamente lo escuchemos, sino que, actuemos en lo que El desea ver en nuestra vida.

¿COMO SE AGRADA AL SEÑOR?

¿Qué mérito tenéis en soportar los castigos que merecen vuestras culpas? Pero soportar pacientemente los sufrimientos habiendo obrado bien eso agrada a Dios. (1 Pedro 2:20 BMN)

A veces nos encontramos en situaciones en las cuales hemos podido hacerle el bien a una o varias personas y de pronto resulta que esas personas se han volteado en contra nuestra, hablando mal de nosotros; en ese momento nuestra actitud no debería ser la de proferir maldición en contra de ellos, sino, bendecir a esas personas con el propósito que un día puedan permitirle a Dios que cambie su corazón y que entonces ellos también agraden a Dios con sus actitudes.

…os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando El en nosotros lo que es agradable delante de El mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Hebreos 13:21 LBLA)

Es necesario que seamos conducidos por el Espíritu Santo con el propósito de agradar a Dios en todo momento, porque si hacemos algo, aunque estemos haciendo el mayor de los esfuerzos por nuestros propios medios, no lograremos agradarlo. Necesitamos permitirle a Dios que obre de acuerdo a lo que El desea ver en nosotros y que sea de esa forma como podamos agradar Su corazón.

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