La Rebelión

segrio enriequez

Cuántas son mis iniquidades y pecados? Hazme conocer mi rebelión y mi pecado. (Job 13:23 LBLA)

Nos sorprendería grandemente si intentáramos ponernos en el lugar de Job, quien como lo describe La Palabra, estaba pasando por una dificultad muy grande. Es un reto a nuestra imaginación, porque las cosas que le pasaron a Job, además de la perdida material, recae en su vida el padecimiento de una seria enfermedad y la pérdida de sus hijos. Si analizamos el contexto, de este Libro, se trataba de un hombre que era reconocido como líder de su comunidad y de gran dignidad. Ante estos acontecimientos, seguramente sus enemigos se encontraban contentos de ver el sufrimiento de Job, y en su misma casa murmuraban contra él. Ante todo esto, Job se sentía tan afligido que en un momento de desesperación le dice al Señor: ¿cuántas son mis iniquidades y pecados, para estar pasando por esta situación? Sin embargo, Dios habla de él y declara que es un hombre íntegro.

Y Job se pregunta qué pecado tendría que haber cometido para estar pasando por esa situación, ya que Dios no tiene despropósito para nadie. Si por alguna circunstancia El Señor permite que venga alguna prueba a nuestra vida, en ese momento deberíamos doblar nuestras rodillas porque estamos en medio de una tribulación, por pequeña que ésta sea. Vemos que Job dice: ¿Cuántas son mis iniquidades y pecados? De esta misma forma, debemos meditar que si estamos pasando un momento difícil y de calamidad en nuestra vida, puede deberse a que existe pecado o rebelión en nuestro corazón.

La palabra rebelión tiene más de ocho acepciones, entre las que cabe mencionar: rebelde, fraude, ofensa y apostasía. Llama la atención porque en estos tiempos finales, y antes de que venga aquel gran día, vendrá una gran apostasía, y si la relacionamos con rebelión, nos lleva a que meditemos si en nuestro corazón existe alguna actitud de rebelión escondida que debemos enmendar antes de ese gran día.

Ciertamente ninguno de los que esperan en ti será avergonzado; sean avergonzados los que sin causa se rebelan. (Salmos 25:3 LBLA)

Si estamos esperando en el Señor Jesucristo; no seremos confundidos por el enemigo, por ello no debemos tener las esperanzas en nuestro trabajo, ni en nuestras cuentas bancarias, ni en nada de este mundo, solo esperemos en Jehová, porque aunque vengan tiempos difíciles donde acampe el error, no seremos confundidos; pero antes debemos tener actitud de oveja, sin un sesgo de rebelión que nos aparte de la presencia de Dios.

Existen personas que son rebeldes porque tienen una causa. Según este versículo, puede ser que algunos que se rebelan, estén empujados por una causa; veamos el ejemplo de una mujer que nació de unos padres jóvenes y llega el tiempo de que cumple ocho años de edad y es feliz en su hogar, de repente ocurre un incidente en su vida, donde alguien abusa de ella y le deja una marca en su corazón, sintiéndose confundida por lo que le está pasando. Indudablemente, este suceso, provocará un cambio de actitud en su personalidad, mostrando rebeldía por algo devastador que pasó en su vida, esperando que alguien le de una explicación de por qué existe esa sensación de abuso y vulnerabilidad que alberga en su corazón. Los niños que son abusados, son niños que cuando llegan a la adolescencia tienden a la promiscuidad, bajan de notas y tienen tendencias de suicidio; ante esto, los padres no comprende que existe algo dentro de ellos que está causando rebelión; no obstante, como padres debemos tener la sensibilidad de preguntarles qué pasa y por qué del cambio y las manifestaciones de rebeldía.

Cuando pasa el tiempo, esta niña que fue abusada le es revelado que existe un Dios misericordioso que da oportunidades y que aunque hayamos cometido pecados rojos como la grana, Él los hará blancos como la nieve; en este momento, se da cuenta que hay alguien que le está dando una oportunidad, y no es la madre, ni el padre o el profesor; lo hace El Señor Jesucristo quien le revela que todo lo que le sucede es por el pecado del hombre, pero por Su misericordia le dará una oportunidad.

La murmuración es síntoma de rebelión, y en algún momento cuando estamos en nuestra casa o la Iglesia, puede aparecer algún síntoma de rebelión, el cual resulta tan dañino como una agresión física, contaminando a los demás. Cada vez que se da un conflicto en la escuela, hogar o Iglesia, deberíamos proveerles a nuestros hijos un arma que se llama «comunicación», para que cuando se manifieste la agresión en su vida, ellos se sientan con la libertad de comunicárnoslo, como un derecho a defenderse y delatar quién los está agrediendo.

Cuando defendemos a nuestros hijos de alguna agresión que alguien les está causando, debemos saber que es una actitud similar a la que Dios tiene con nosotros cuando alguien nos golpea y nos hace daño. Es por eso tan necesario que le demos explicaciones a nuestros hijos de lo que sucede a nuestro alrededor y que ellos estén seguros que deben confiar en Dios, pero también estamos nosotros para poderlos apoyar en sus problemas, con el propósito que no se tejan una telaraña de confusión en su alma.

Según nos muestra el Libro de Génesis, Dina era única hija entre siete varones, y sus padres eran Lea y Jacob. Dina fue violada y su padre deja que los hermanos de Dina tomen la decisión de resarcir la falta. En este momento, lo más seguro es que ella se preguntaría por qué su padre no tomó personalmente la decisión de defenderla, y por qué se la dejó a sus hermanos. El presunto violador se llegó a Dina, causando una desgracia en la familia por medio de la deshonra de la única hermana de la familia; en ese momento, Jacob delega entonces en Simeón y Leví para que tomen la decisión, de aceptar o no los términos para desagraviar la falta. Si bien era cierto, Dina fue violada, pero el pueblo del supuesto violador reconoció su error, y no estaba siendo tratada como ramera como aseguraron sus hermanos, mas bien, esta actitud en ellos se trataba de una situación ancestral, porque su madre Lea fue despreciada por su padre, y ahora ellos deben dejar ver su enojo provocando una rebelión contra el agresor, sin embargo todo surge por el resentimiento hacia su padre.

Si revisamos el contexto de este pasaje, podremos notar que Jacob llega a la casa de Labán y trabaja por algunos años para obtener como esposa a Raquel, pero al momento de la boda se da cuenta que le cambiaron la novia, poniéndole a Lea en sustitución de Raquel; ante esto, habla con su suegro por la injusticia que le hicieron y la frustración le trae rebelión, porque a través de toda su vida manifiesta una rebelión pasiva, menospreciando a Lea. Los hijos no se explicaban por qué su padre amaba a Raquel y no a Lea; esto hizo también que Jacob quisiera más a José hijo de Raquel, que al resto de sus hijos, pese a que Rubén era su primogénito. Una injusticia puede causar rebelión y puede expresarse como amargura; y en este versículo lo podemos ver cuando Simeón y Leví de momento toman una actitud pasiva ante la violación de su hermana, volviéndose posteriormente hombres sanguinarios y violentos.

Si nuestros hijos se manifiestan con violencia, debemos considerar que es la manifestación más benigna porque la podemos ver fácilmente, sin embargo, la violencia pasiva es la más difícil de descubrir. Muchas veces vemos situaciones de violencia en el colegio cuando nuestros niños no cumplen con una orden dada por las autoridades, lo cual puede considerarse como una manifestación de rebelión. El homosexualismo también se podría considerar como una expresión de rebelión en contra de los padres, y es una forma de decirle al padre, que no se quiere parecer a él. Ningún niño nace rebelde, las circunstancias de la vida son los que los hacen ser rebeldes, quienes la expresan gritando, reclamando o destruyendo objetos para manifestar su enojo por algún desengaño o desacuerdo.

Es posible que cuando nos hacen alguna injusticia siendo adultos, manifestamos nuestro enojo con alguien que no tiene la culpa o no tiene nada que ver con el problema. Otra forma de mostrar nuestro enfado es murmurar, y haciendo comentario mordaces. El consejo que nos da La Palabra es que ventilemos la situación que nos causa molestias y aclarar las injusticias que supuestamente nos hicieron, porque es casi seguro que con una simple explicación se nos baje el enojo, sin embargo, a veces nos ministramos con quien no se debe, y la salida que encontramos a los problemas muchas veces no es la más correcta; eso hace que el problema que tenemos se convierta en algo más complicado.

Con frecuencia, nuestros hijos no tienen la capacidad de buscar una explicación o tienen miedo de enfrentarnos como padres, por ello prefieren quedarse con las situaciones no resueltas, y cuando llegan a la adolescencia se manifiesta la rebelión. Los niños en los primeros años de su existencia nos creen todo lo que les decimos, pero cuando llegan a la adolescencia, ven que la realidad no encaja y empiezan con actitudes de rebeldía. Los niños formalizan sus pensamientos a los doce años viendo claramente la realidad, es en este periodo donde aparece la rebelión.

Teniendo la plena seguridad que con esto no se perderá la autoridad, debemos aprender a bajar la guardia ante nuestros hijos, y pedirles perdón por nuestros errores, con esto ellos verán que estamos en la mejor disposición de enmendar nuestros errores, además, debemos ser solidarios con ellos para enfrentar los problemas por los que atraviesan; esto sin duda alguna los sanará y los hará sentirse dignos, permitiendo que en ellos obre El Espíritu Santo. Esto será posible si bajamos la cerviz hasta el límite, doblegando nuestro orgullo y autoridad. Por eso es necesario que examinemos nuestro interior, para saber si existe amargura en nuestro corazón, por la cual nos esté volviendo en personas violentas pero pasivas.

Es probable que cuando buscamos las palabras de ministración en la Iglesia, El Señor nos pone un diacono, un pastor o un anciano que personifica a alguien que nos hizo algún daño, y como nuestra alma está afectada y no está sanada del todo, le hacemos mal; con esta actitud estaremos cayendo en problemas constantes con esta autoridad, provocado por el recuerdo de una persona que en nuestro pasado nos provocó a rebelión. Existen mujeres que cuando se casan no son felices porque llevan en su alma al recuerdo de los problemas que vieron y vivieron en casa de sus padres; y solamente podrán cambiar su vida si logran ministrar su alma para sanar las heridas causadas en su niñez o adolescencia. Es posible que nuestros padres ya no estén en condiciones de pedirnos perdón porque murieron o son muy ancianos, pero el Espíritu Santo sí está presente, y es el emisario de paz que no quiere que tengamos vestigio alguno de amargura en nuestro corazón.

Pongamos atención en la forma de cómo nos manifestamos con nuestras autoridades en el trabajo o en la Iglesia, eso determinará cómo estamos en nuestro interior. Posiblemente recibimos una carga de injustica y se lo estamos transmitiendo a nuestros hijos y ellos ni siquiera entienden de donde viene esa agresión.

Solo nuestro Dios grande y poderoso; nos puede sacar de las tinieblas y desarraigar de nuestro corazón la injusticia que nos hicieron, pero para esto es necesario que lo reconozcamos como nuestro libertador. Si existe un día negro en nuestra vida, que nos marcó con rebelión, Su sangre se encargará de borrar cualquier vestigio de tristeza y dolor que pudiera existir.

Dios nos quiere pedir perdón; personificando a nuestros padres biológicos o nuestros hermanos y ancestros, quienes nos golpearon y no nos dieron la explicación para que pudiéramos quedar libres de la amargura y cualquier actitud de rebelión. El glorioso Espíritu Santo nos llama para darnos una explicación de lo que nos pudo provocar a rebelión, haciéndonos sanos por medio de Su ministración de santidad del alma. Si sentimos la necesidad en el espíritu de pedir perdón, hagámoslo, porque eso traerá liberación para nuestra alma, porque el Espíritu de Dios manifiesta Su amor hacia nosotros trayendo liberación.

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